Dra. Alejandra Cantos Molina

Un exilio injusto

Opinion

Quienes luchan por sus ideales, quienes verdaderamente anhelan un planeta más equitativo, quienes no se dejan sucumbir por la tentación del dinero fácil, parecerían no tener cabida en este mundo. O en este país.

Ahora le ha tocado el turno a Alejandra Cantos. Su pecado: arremeter contra los ladrones de frac, que en un año aciago del siglo pasado desplumaron a los ecuatorianos y los sumieron en la crisis más vergonzosa de su historia. Contra ello luchó Alejandra, casi sola, o acompañada de muy pocos, en el Comité contra la corrupción. Desde allí se ganó odios gratuitos de parte de quienes no se resignan –jamás se resignarán- a dejar de usufructuar el botín que dejaron los españoles y heredaron los colonialistas criollos.

 

Es ocioso repetir el análisis del trámite que siguió Alejandra y que configuró, según los sacrosantos banqueros perseguidores, un peculado. Estos miserables no perdonan que el ojo acucioso de Alejandra haya descubierto un juego de ajedrez que tapaba oscuros movimientos financieros para favorecer a los amos de los bancos quebrados. Alejandra fue exactamente al lugar donde estaba el dinero de la gente y recuperó la plata del Estado para pagar a los acreedores. Ese fue su pecado.

 

¿Qué clase de país es éste donde una mafia identificada y señalada sigue manejando jueces y decisiones para hundir a personas probas? ¿Qué clase de justicia es ésta que permite que sigan libres y recibiendo homenajes quienes han asaltado la riqueza nacional en petroleras, papeles de deuda, bancos, ministerios, congreso nacional y hasta Presidencia de la República?

 

Véanlos, allí están los prófugos de la justicia, gozando del dinero que le robaron al país. Mírenlos, allí están los que tomaron la política como el negocio de su vida, sobre la base de luchar por la patria y por el pueblo. Obsérvenlos, allí se pasean impunemente los que tienen retrasado el progreso y arrinconados los principios. Allí están Juan batracio, Carlos ogro, Pancho avaricia, José perverso. Allí están, riéndose de nosotros.

 

Y allí está, digna Alejandra, en su lucha a muerte y sin cuartel contra los saqueadores de este país.

 

Sí, hablo con rabia, no sólo por Alejandra sino por la causa que simboliza. Porque si la dejamos sola, significa que estamos perdiendo la batalla. Esas lágrimas de la Gerente de la AGD no representan pena por sí misma. Son lágrimas de impotencia por un país que no reacciona al ver que los buitres siguen burlándose de los 13 millones de ecuatorianos en las propias narices de todos. Con rabia, porque en esta nación donde sí hay banqueros correctos, y políticos con ideales, y empresarios cumplidores, se quiere imponer la carroña a costa de una mujer honesta, una auténtica heroína en la lucha contra la corrupción.

 

Como dijo Carlos Vera, esto seguirá mientras todos callemos y mantengamos el miedo. Mi solidaridad incondicional con Alejandra Cantos.

 

Alejandra Cantos

Fecha: 18/05/06

Fernando Macías Pinargote